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Reflexiones sobre los virus (2)

Por: José Hilario López

En anterior columna hicimos un ligero bosquejo de algunos aspectos biológicos, ecológicos y filosóficos para tratar de entender y aceptar la presencia ineludible de los virus en nuestras vidas. Pero esto no es suficiente, faltó por ver cómo se afectará nuestra civilización con los acontecimientos geopolíticos que generará o acelerará la pandemia de la covid-19 (Esto me obligaría a cambiar el título de la presente columna por algo así como “reflexiones sobre las consecuencias geopolíticas de la covid-19”, pero para mantener la continuidad anunciada en mi anterior escrito, decidí mantener el mismo encabezamiento). Como ya lo anticipamos, el filósofo esloveno Slavoj Zizek, con su reciente libro Pandomic!: COVID-19 Shakes the World y otros, me servirán de guía para seguir con estas reflexiones.

Para Zizek la expansión mundial de la actual pandemia se debió a la falta de libertad de expresión en el régimen totalitario que gobierna a China. Li  Wenliang, el  médico chino  que  descubrió  la  epidemia y trató de alertar sobre sus riesgos catastróficos, por lo cual habría sido  censurado por  las autoridades chinas,  sería  un  auténtico  héroe  de  nuestro  tiempo. Dice Zizet: “Si China valorara  la libertad de expresión, no habría crisis del coronavirus. A menos que se respeten la libertad de expresión y otros derechos básicos de los ciudadanos chinos, esas crisis sólo volverán a producirse /.../”. Si esto fue lo sucedió en la segunda potencia económica mundial, pero donde la verdad no es monopolio de la ciencia sino que está sometida a los intereses de un partido único, el partido comunista chino, las consecuencias para la estabilidad del sistema pueden llevar a ser tan graves, como lo fue el desastre nuclear de Chernóbil en la Unión Soviética en 1986, cuando un régimen autoritario similar, con la misma teoría de la conspiración también trató de ocultar la gravedad de los hechos, una de las causas principales del colapso del estado soviético.

Compartir la verdad de los hechos catastróficos con la ciudadanía, todo lo contrario de lo que hacen los estados totalitarios y/o populistas, es la única manera de lograr la confianza de la comunidad en los entes estatales y en sus políticas públicas, lo que además ayuda a  prevenir la propagación de rumores y falsa información, que podría incluso llevar a más víctimas, y esto fue lo que faltó en China, aunque en el manejo de la crisis sanitaria, hay que reconocerlo, ha sido más eficiente que los países europeos y que el mismo Estados Unidos. Las epidemias y las catástrofes son el resultado de la contingencia natural a que estamos sometidos como seres vivos, o de fallas humanas, que es imposible ocultar por mucho tiempo.

A la pérdida de credibilidad en China, tanto dentro del país como a nivel de la comunidad internacional, se suman el abandono voluntario del liderazgo mundial por parte de los Estados Unidos, el desmoronamiento de la Unión Europea, el debilitamiento de las organizaciones internacionales y el deterioro de los sistemas democráticos. Para bien o para mal las crisis aceleran la historia, tal como lo señala Richard Hass, presidente del Council of Foreign Relations. Para ilustrar su tesis Hass analiza los desarrollos que surgieron después de las dos guerras mundiales, destacando la importancia de un claro liderazgo consolidado a nivel mundial necesario para encontrar salidas a las crisis.  En la posguerra de la Segunda Guerra surgieron instituciones como el Plan Marshall, iniciativa de Estados Unidos para la reconstrucción de Europa Occidental, lo mismo que el Fondo Monetario Internacional, El Banco Mundial y las Naciones Unidas, así como organizaciones regionales entre ellas la Unión de Estados Americanos, todo lo cual facilitó no sólo la recuperación de las economías afectadas por la guerra, sino que dio lugar a una aceleración del crecimiento del capitalismo, como no se  había conocido antes. Esto en contraste con la Primera Guerra, cuando no apareció ningún liderazgo: aquella posguerra fue apenas el espacio para que empezara a incubarse la siguiente confrontación, sin que la débil Liga de las Naciones, creada por el tratado de Versalles para establecer las bases de la paz y la normalización de las relaciones internacionales una vez terminada la guerra, pudiera hacer nada por impedirlo. Guardadas las debidas proporciones, estamos en un escenario similar al de la posguerra de la Primera Guerra Mundial.

Ahora cuando más se necesita cooperación internacional para superar la gran depresión económica mundial que dejará la pandemia de la covid-19, Estados Unidos tendrá que ocuparse de sus problemas internos, mientras que China y Rusia se fortalecerán como estados autoritarios y en Europa se agudizarán los nacionalismos; esta misma orfandad aplica para la crisis ambiental generada por el Cambio Global. Un escenario apocalíptico que obligará a repensar la política, no sólo en el mundo capitalista sino también en los sistemas comunistas o similares, tal como lo propone Zizek en el libro atrás referenciado.

Es imperativo pensar en “una sociedad alternativa más allá de los estados-nación que se actualice en las formas de solidaridad y cooperación mundial”, que permita reconstruir la economía mundial basada en mecanismos diferentes  a “la sabiduría del mercado”. La nueva sociedad, de ninguna manera podrá ser similar al fallido sistema comunista, sino algún tipo de organización mundial que pueda controlar y regular la economía, así como, cuando sea necesario, limitar la soberanía de los estados-nación. Tampoco podemos siquiera imaginarnos que esta gran transformación se logre bajo el neoliberalismo, con sus secuelas de desigualdad e inequidad, de ahí la propuesta de un capitalismo social, capitalismo con rostro humano, que han venido trabajando pensadores como Thomas Piketty.

Lo que se logró en los años 50 del siglo pasado durante la posguerra, ¿por qué no intentarlo ahora que estamos en un estado de “guerra médica”, antesala de la guerra ambiental que ya estamos iniciando por el Cambio Global?

La falta de un claro liderazgo mundial sumado a la crisis de la democracia liberal, “la pandemia ideológica” es el acicate que requieren los verdadero líderes para repensar y construir las bases de la nueva sociedad. En las grandes crisis es donde surge y se sublimiza el pensamiento racional, así nos lo ensañaron los antiguos griegos, cuando a la derrota de Atenas en las guerras del Peloponeso, afirmaron La Lógica, el gran monumento filosófico base de la cultura occidental.

Es el momento de abandonar el lema de “Primero América,” o primero el que sea. Como dijo Martin  Luther King, “puede que hayamos llegado en barcos diferentes, pero estamos en el mismo barco”, que se nos está hundiendo, pero todavía hay tiempo de salvarlo.

En próxima columna veremos lo que en la pos pandemia nos espera en Latinoamérica y especial en nuestro país.

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